TT: ¿Cuál fue el motivo por el cual se comenzó con la enseñanza de taekwondo en el colegio?
MP: Los alumnos tenían comportamientos violentos, se hizo una encuesta para ver que querían y pidieron artes marciales, tiro al blanco, colores y música.
Como Yo conocía a Sabonim Víctor D’Amore, por haber sido el profesor de taekwondo de mi hijo, estaba al tanto de lo que eran los principios filosóficos en este arte y pensé que era una buena disciplina para acercarles.
Participamos del proyecto de Shell “creando vínculos” y fue uno de los temas ganadores.
A partir de allí se implementó en contra turno dicha actividad.
El instructor a cargo es Sebastián Freire.
La convocatoria fue amplia y tuvo gran repercusión en edades que van desde los 6 a los 14 años.
A partir de allí se empezó a ver pequeños cambios en chicos con conductas particulares: comenzaron a ser más educados entre ellos y con la comunidad, respetaban el espacio, se fueron haciendo más leales y comprometidos con la práctica, de esta manera el entusiasmo fue cada vez mayor.
Se hizo una exhibición en el colegio con la participación de todos los alumnos.
También a través de la enseñanza se descubrió algunos chicos con muy buenas condiciones que fueron becados por el grupo Escorpio.
TT: cuando se propuso Taekwondo, ¿fue fácilmente aceptada por el resto de la gente?
MP: Al principio parecía una idea muy loca, porque es una comunidad de chicos marginales, con poco acceso a otras expresiones culturales, donde hay mucha delincuencia, hogares desmembrados y la violencia es una moneda cotidiana. Algunos comentaron que se les estaba dando una herramienta que podía contribuir a más violencia, sin embargo quienes opinaban así, no conocían los principios del taekwondo.
Se pudo demostrar que cuando el arte marcial es enseñado por gente idónea que conoce la filosofía como corresponde, termina siendo una actividad que deja valores muy importantes, genera cambios y la experiencia fue realmente positiva. |